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los rusos huyen para no ir al Ejército – NSS Oaxaca

Todo estaba preparado: en apenas 24 horas se ha sellado el destino de miles de civiles rusos que serán enviados al frente próximamente. Un día después de que el presidente Vladímir Putin decretase una movilización parcial de su población, las oficinas de reclutamiento comenzaron a recibir a la primera oleada de ciudadanos que han recibido su citación del Ministerio de Defensa. Las imágenes del día fueron las colas abarrotadas ante las sedes y autobuses de alistamiento, donde se agolpaban varones de todas las edades. Algunos de ellos, bastante mayores.

El ministro de Defensa, general Serguéi Shoigú, había anunciado que serían llamadas a las armas unas 300.000 personas pese a haber sufrido, según sus cifras, 5.937 bajas mortales en los combates contra el ejército de Ucrania, aunque en realidad se supera por mucho las bajas que tuvieron en la guerra de Afganistán. Sin embargo, el diario independiente Nóvaya Gazeta Europa(ruso, Новая газета; literalmente, «Nueva Gaceta») es un periódico ruso conocido en su país por su cobertura crítica y su periodismo de investigación de los asuntos políticos y sociales ruso) publicó que, según sus fuentes de la presidencia, en un punto borrado del decreto iba a figurar un millón de reclutas.

Desde todos los puntos del país llegaron imágenes del reclutamiento. El presidente de Chechenia, Ramzán Kadírov, ha sido uno de los grandes valedores de la movilización tras el desastre militar que el Kremlin encajó en la provincia ucrania de Járkov. En Chechenia, el bloguero opositor Abu Saddam Shishani grabó un vídeo en el que se veía una columna enorme de hombres camino del punto de alistamiento.

No acudir a la citación puede suponer años de cárcel debido a las enmiendas introducidas en el Código Penal por el Parlamento ruso.

Entre los movilizados figuran algunos de los más de 1.300 detenidos en las protestas encontra de la guerra.

Antes de ser enviados a filas, los ciudadanos deben pasar un examen médico para comprobar si son aptos o no, o presentan alguna limitación para el servicio. Tras ello, la junta militar puede decidir si concede una exención o un aplazamiento temporal. Además, los mayores de 50 que durante su servicio militar pasado no pasaron del rango de soldados rasos están exentos.

Aunque se trata de una movilización parcial y no total de la población, el decreto fue redactado de una forma lo suficientemente imprecisa para que el reclutamiento pueda ser repartido por la geografía del país con los criterios que crea más convenientes el Kremlin en cada momento.

El Kremlin aseguró que solo llamaría a filas a hombres con experiencia militar.

Los movilizados serán, en palabras del presidente ruso, personas que “se encuentran actualmente en la reserva, especialmente aquellos que han servido en las fuerzas armadas, que tienen ciertas profesiones militares y experiencia relevante”.

El mandatario no aclaró cuántos reservistas serán convocados. Pero su ministro de Defensa aportó después la cifra de 300.000. Y añadió: “No se trata de gente que nunca haya visto o escuchado nada acerca del Ejército. Los estudiantes pueden seguir yendo a clase”.

El Comité de Defensa ha informado de que la primera oleada de movilizaciones comprenderá a soldados de hasta 35 años y suboficiales de hasta 45.

En Rusia están obligados a cumplir el servicio militar los hombres de entre 18 y 27 años. Su duración suele ser de un año, aunque no es difícil librarse de este servicio por razones médicas o por estar estudiando.

Los contratos de los combatientes rusos desplazados a Ucrania se prolongan, aunque estén a punto de expirar, hasta que termine el periodo de “movilización parcial”.

Rusia dispone de 25 millones de personas que han cumplido el servicio militar y que, en un momento dado, podrían ser llamados a filas en un contexto de movilización general y no parcial, como la de ahora. El Ejército ruso dispone de un millón de personas en activo (frente a las 209.000 de Ucrania). El pasado agosto, tras cumplirse seis meses de la invasión de Ucrania, Putin firmó un decreto, cuya entrada en vigor está prevista para 2023, por el que aumentaba el número de efectivos en 137.000. Así, a partir del próximo año, el Ejército ruso prevé contar con más de 1,15 millones de miembros.

El número de reservistas asciende a dos millones.

El cuerpo de reservistas lo forman antiguos miembros de las fuerzas armadas y aquellos que han tenido contratos con los servicios de seguridad y emergencias del Estado, lo que incluye bomberos y policía. El centro de análisis Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) señalaba que “tradicionalmente” solo el 10% de los reservistas reciben entrenamiento después de haber cumplido el servicio militar. Y citaba un análisis según el cual la cifra de reservistas activos, en el sentido occidental, con entrenamientos regulares mensuales y anuales, era solo de 4.000 o 5.000 personas.

El Distrito Militar Sur del Ejército organizó el año pasado una formación activa y remunerada para reservistas. Su meta era llegar a los 38.000 efectivos.

Tampoco será fácil equipar a 300.000 nuevos efectivos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que precisamente la equipamiento sobre el terreno ha sido uno de los flancos débiles del Ejército ruso en Ucrania.

Analistas y expertos citados por The New York Times calculan que el número de tropas rusas no supera actualmente los 200.000. Al verse más que duplicada esta cantidad con la llegada de los reservistas, Moscú estaría en disposición de defender mejor los más de 1.000 kilómetros de línea en el frente. “Sin embargo”, señala el diario, “los observadores dicen que la mayor parte del personal de alto rango ya ha sido desplegado, y los llamados necesitarán más entrenamiento y armas”.

En un análisis realizado por Neil MacFarquhar para el The New York Times, menciona como ha dejado estragos la conspiración rusa.

Media docena de soldados rusos hablan sobre ser enviados a un área de combate intenso en el este de Ucrania sólo 11 días tras su movilización. Al preguntarles sobre su práctica de tiro, un recluta con barba contesta, “una vez. Tres cargadores”.

En un pueblo cerca de Ekaterimburgo, en el centro de Rusia, hombres recién movilizados marcan el paso en ropa de calle. “Sin metralletas, uniformes ni zapatos, nada”, expresa un testigo no identificado. “La mitad de ellos tiene resaca, son viejos, están en riesgo -debería haber una ambulancia lista”.

En otros lados, veintenas de familiares de soldados rusos recién reclutados se amontonan afuera de un centro de entrenamiento, pasando por la reja artículos a los reclutas -botas, boinas, chalecos antibalas, mochilas, bolsas para dormir, colchonetas, vendas y comida.

“Nosotros compramos todo”, declaró una mujer llamada Elena al medio noticioso Samara Online.

A pesar de leyes severas que prohíben criticar la “operación militar especial” en Ucrania, las redes sociales rusas rebosan de escenas como éstas en videos que circulan extensamente. Estas publicaciones critican al Ministerio de Defensa por actuar justo como lo predijeron expertos militares de Occidente: enviando apresuradamente a miles de soldados recién reclutados, sin entrenamiento y mal preparados a Ucrania, demasiado desesperados por tapar huecos en sus líneas de defensa como para moldear a los hombres para que formen unidades de combate cohesivas.

Una señal extrema de desorden se dio el 15 de octubre, cuando dos hombres de un ex Estado soviético abrieron fuego contra un campamento de entrenamiento ruso. Mataron a 11 voluntarios e hirieron a 15 antes de ser abatidos, reportaron los medios rusos.

El Ejército ruso está batallando para equilibrar dos objetivos, indicaron analistas militares: desplegar tropas suficientes para frenar los recientes avances ucranianos, mientras que reconstruyen las fuerzas de infantería diezmadas durante ocho meses de guerra. Inevitablemente, algunos reclutas ya han sido abatidos o capturados, generando críticas aún más duras contra el esfuerzo de movilización anunciado el 21 de septiembre y visto como un desastre desde un principio.

“El resultado de la movilización es que hombres sin entrenamiento están siendo lanzados al frente”, escribió Anastasia Kashevarova, una bloguera militar quien ha apoyado la guerra, en un post lleno de furia, sumándose a las críticas. “Cheliabinsk, Ekaterimburgo, Moscú -los ataúdes de zinc ya están llegando”, agregó. “Nos dijeron que habría entrenamiento, que no serían enviados al frente en una semana. ¿Estaban mintiendo de nuevo?”.

Hasta ahora, el Kremlin ha tolerado críticas contra el manejo de la guerra, mientras que encarcelaba o multaba a quienes cuestionaran la necesidad de la invasión. No obstante, ha habido rumores recientes de que debería tomar medidas enérgicas también contra críticos del Ejército.

El 14 de octubre, el Presidente Vladimir V. Putin confirmó que 16 mil conscriptos ya habían sido enviados a unidades de combate, algunos con apenas cinco a 10 días de entrenamiento. Los reclutas eran urgentemente necesarios, dado que el frente en Ucrania abarca casi mil 130 kilómetros, explicó, añadiendo que el entrenamiento continuaría ahí.

La evidencia de la falta de entrenamiento es anecdótica, pero el simple número de videos de toda Rusia, junto con reportes noticiosos, comentarios y amenazas dispersas por parte de los conscriptos de una huelga debido a las condiciones, subraya la profundidad de los problemas.

En un video ampliamente circulado, un recluta de Moscú asignado al Primer Regimiento de Tanques -una afamada unidad duramente golpeada al inicio de la invasión- dijo que el comandante había anunciado que no habría práctica de tiro o siquiera entrenamiento teórico antes del despliegue de los hombres.

Otro video mostraba a un grupo de unos 500 hombres desaliñados, la mayoría con el rostro cubierto por pasamontañas, parados junto a un tren en la región de Belgorod, cerca de la frontera con Ucrania. El narrador señaló que no habían sido asignados a unidades específicas, que habían vivido en “condiciones inhumanas” durante una semana, que habían tenido que comprar su propia comida y que carecían de municiones.

El Gobierno de Belgorod anunció que la mayoría de los hombres sería devuelta al centro de Rusia para recibir entrenamiento adicional. Incluso Roman Starovoit, el Gobernador de la región contigua de Kursk, denunció las condiciones de entrenamiento. Describió comedores en ruinas, regaderas oxidadas o descompuestas y la falta de camas y uniformes.

El 13 de octubre, el Gobierno de otra región, Cheliabinsk, se contó entre los primeros en anunciar oficialmente las muertes de soldados sin entrenamiento, con cinco abatidos en el este de Ucrania. El anuncio no detalló las circunstancias, pero el servicio ruso de la BBC citó a familiares y amistades de los hombres, quienes aseguraron que los soldados fueron desplegados “como carne de cañón” sin entrenamiento de combate.

De manera similar, un jefe de departamento en el Gobierno municipal de Moscú, Aleksei Martynov, de 28 años, quien no tenía experiencia de combate, resultó muerto en Ucrania días después de ser destacamentado, informó Natalya Loseva, una periodista con el canal de televisión estatal RT, en Telegram. Su reporte no pudo ser confirmado independientemente.

“El liderazgo militar ruso sigue comprometiendo la futura reconstitución de la fuerza al priorizar la movilización inmediata de la mayor cantidad de hombres posible para el combate en curso en Ucrania”, señaló el Instituto para el Estudio de la Guerra, en Washington, en una evaluación reciente.

Un reporte del Ministerio de Defensa británico secundó esa evaluación, al indicar, “la incapacidad de efectivos rusos para destruir equipo intacto antes de emprender la retirada o rendirse subraya el pobre estado de su entrenamiento y sus bajos niveles de disciplina en batalla”.

Los funcionarios rusos buscan darle un giro positivo a la conscripción. Sergei K. Shoigu, el Ministro de Defensa de Rusia, anunció que 200 mil reclutas se preparaban en alrededor de 80 campamentos de entrenamiento y 6 centros educativos. Putin puso fin a la movilización impopular, afirmando que 220 mil reclutas serían suficientes, en vez de la meta anunciada en un principio de 300 mil.

El número de tropas rusas en Ucrania sigue siendo turbio. Alrededor de 200 mil soldados fueron desplegados para la invasión, pero agencias de inteligencia de Occidente revelan que entre una tercera parte y la mitad ha resultado muerta o herida.

El Ministerio de Defensa ha producido una serie de videos mostrando a “mobiks” -como se conoce a los reclutas en la jerga rusa- aprendiendo felices a disparar, atacar tanques, amarrar un torniquete, colocar una mina terrestre y otras tareas militares.

“En general, el personal está totalmente preparado, listo para operaciones de combate y ansioso por unirse a las filas de las unidades de combate y destruir al enemigo”, manifestó un soldado identificado sólo por su nombre de pila, Magomed, en un video del Ministerio de Defensa grabado en un campo de entrenamiento en el este de Ucrania o cerca de ahí.

Una inyección de cientos de miles de reclutas podría detener los avances ucranianos al corto plazo, pero los analistas militares aseguraron que Rusia batallaría para cambiar su suerte en los próximos meses.

Las líneas rusas en el este de Ucrania se han colapsado una y otra vez ante la arremetida de soldados mejor entrenados y más motivados. Algunos analistas dicen que el Ejército ruso tiene una evidente falta de unidades cohesivas en las que la infantería, la artillería y las fuerzas aéreas estén preparadas para trabajar juntas.

Andrei Gurulev, un diputado de línea dura en el Parlamento federal y un oficial de alto rango en las reservas, escribió en Telegram que tomaría al menos uno o dos meses para que Rusia pudiera desplegar unidades entrenadas.

Otros sugirieron que sería hasta el invierno.

La Unión Soviética mantuvo una infraestructura permanente de entrenamiento militar, que fue desmantelada tras su colapso en 1991. Con el inicio de la guerra, instructores militares fueron enviados a Ucrania, lo que dejó a las unidades batallando para llenar el hueco con veteranos y maestros de academias militares.

“Han perdido a muchos especialistas militares”, comentó Gleb Irisov, un veterano de la Fuerza Aérea rusa y ex analista para la agencia noticiosa estatal TASS. “No hay nadie para entrenar a esta gente nueva”.

Incluso antes de la guerra, señalaron Irisov y otros, Rusia batallaba para entrenar a sus dos generaciones de aproximadamente 100 mil reclutas cada primavera y otoño, con reportes de problemas como tropas mal alimentadas.

De manera inesperada, parte de la mayor concentración de entrenamiento se lleva a cabo en el Donbás, el área del este de Ucrania que ha sido encendida por la guerra desde que Rusia inició un movimiento separatista ahí en el 2014.

La primavera pasada, varones en el Donbás eran arrebatados de las calles y enviados directamente al frente. Pero en medio de la matanza, hubo un cambio de actitudes, dijo Kirill Mikhailov, un investigador en el Equipo de Inteligencia sobre Conflictos, una organización fundada en Rusia para dar seguimiento a conflictos que involucran a tropas rusas.

Los funcionarios en la región se dieron cuenta de que habían “derrochado sus fuerzas a cambio de poca ganancia”, explicó Mikhailov, y, por lo tanto, supieron que tendrían que obtener mejores soldados de los conscriptos rusos.

Sin embargo, por ahora, con miles de reclutas llegando a raudales a Ucrania, parece que el Kremlin está enfatizando cantidad sobre calidad”.

Oleg Matsnev contribuyó con reportes a este artículo.

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